Éditions Slim Paris
Arte de vivir

Los cafés más bellos donde trabajar

Nuestro diario · Lectura: 3 min

Confesión: la mitad de este sitio web se escribió en cafés del Marais. Sartre tenía el Flore; nosotros tenemos los tostadores de la rue de Bretagne, cada cual con su época. Si piensa trabajar fuera durante su estancia, esto es lo que nos habría gustado que nos contaran.

Primero, el pacto tácito: se pide algo al llegar, se vuelve a pedir cada dos horas y se devuelve la mesa cuando llega la hora punta de las doce y media. El espresso es el alquiler. Nadie le echará jamás si respeta el juego: los cafés parisinos protegen a quienes escriben, es una tradición centenaria.

Del lado de La Joya, el triángulo mágico se encuentra entre la rue de Bretagne, la rue Charlot y el marché des Enfants Rouges: los tostadores de nueva ola se toman en serio el flat white y no esconden los enchufes. Por la mañana, entre las 9 y las 11:30, aquello es una biblioteca que huele a café de Colombia. Por la tarde, migramos hacia los salones de té acolchados del alto Marais.

Del lado del Remanso de Paz, la Rive Gauche interpreta la partitura clásica: las grandes banquetas de los cafés de esquina de la rue Cler, donde se puede pasar una mañana entera atendido por camareros que llevan treinta años en el oficio. Menos latte art, más constancia. Nos encanta.

Y para los días de gran concentración, el secreto mejor guardado de París: la sala Ovale de la BnF Richelieu, gratuita, sin inscripción, bajo una cúpula de cristal. Nuestras cinco mesas favoritas a menos de diez minutos de cada apartamento están en la guía, con el wifi probado un lunes de lluvia.

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